Y sin más, se nos fue febrero, y con él, la culminación de mis quince años de carrera. De esos días de toques en el garaje y en barcitos de mala muerte (pero con mucha personalidad), hasta hoy, donde Rosita es una fiesta de culto.
Si quieres conocer la historia completa de estos 15 años, puedes leerla en la entrada anterior, donde Valerie lo cuenta todo. Pero hoy, te vengo a narrar la fiesta, porque lo que se vivió esa noche merece quedar en la memoria de todos.
El inicio de una noche épica
Todo arrancó con DJ Ariz, quien le puso el primer beat a la celebración. Lo conocí en la playa, en un toque para unos brasileños, y su estilo me atrapó al instante. Ahí mismo le pedí su teléfono y, desde entonces, Alex me ayuda con mezclas y muchas veces me da clases de DJ. Porque sí, aunque ya tenga 15 años en esto, siempre hay algo nuevo que aprender.
Después subió DJ DaDoggyStyle, prácticamente parte de la familia Rosita. Todo comenzó en una fiesta de la Calle de los Millenniales, donde me atreví a experimentar con el reggaetón. Fue la última fiesta antes de la pandemia y llegué a pensar que había alterado el orden del universo. ¿Y si ofendí a los dioses al meter reggaetón en Rosita? ¿Y si la pandemia fue un castigo por eso? Pero si algo nos quedó claro después de ese parón, es que no había freno para lo que vendría. Al contrario, solo se abrió la puerta a otro universo de alegría y diversión.
Un show con hitazos y un vals inolvidable
Cuando Doggy cerró su set, llegó el turno de Hancer y Gaby, quienes nos regalaron un espectáculo brutal. Fue hitazo tras hitazo, una energía increíble y el momento perfecto para lo que venía: el vals.
Sí, porque si celebramos 15 años, tenía que haber un vals. Al puro estilo de una quinceañera, Néstor y yo bailamos con toda la pompa y tradición antes de inaugurar el gran meneo. Fue una transición mágica: de lo solemne y simbólico, a la gozadera total.
Arrancamos con la Rosita clásica de los 90s, pero como siempre, la juventud reclamó más fuego en la pista, y tuvimos que darle al ritmo caliente y al baile chiemngüenchón.
El cierre con broche de oro
Obviamente, no podía faltar nuestra hora de corta venas, donde Ana Gabriel y Yuri nos recordaron por qué nos gusta tanto el drama con ritmo. Y como en todo buen cierre de Simplemente Rosita, La Gata Bajo la Lluvia fue el himno final. La canción insignia de mi proyecto desde el día 0, esa que, sin importar el tiempo que pase, sigue erizando la piel y uniendo a todos en un solo coro.
Fue una noche inolvidable, el mejor cierre para estos 15 años y el mejor comienzo para todo lo que viene.
Porque si algo hemos aprendido en todo este tiempo es que el amor se va, las modas cambian, pero Rosita… Rosita siempre se baila.
Nos vemos en la pista.